La ateroesclerosis es una enfermedad crónica caracterizada por el depósito de lípidos en la capa íntima de las arterias de mediano y gran calibre que provoca la formación de placas de ateroma, constituyendo a nivel global una de las principales causas de morbimortalidad. Los factores de riesgo incluyen hipercolesterolemia, diabetes, hipertensión y hábitos poco saludables. El desarrollo de las placas se inicia con la disfunción endotelial, estrechamente ligada a los factores de riesgo, y la acumulación de colesterol LDL oxidado, seguido de inflamación y migración celular. Se genera con ello un círculo vicioso que incrementa el riesgo de eventos cardiovasculares como infartos y accidentes cerebrovasculares. Es un fenómeno de infiltración lipídica, inflamación y reparación, de cuyo equilibrio depende la estabilidad de las placas que pueden ser estables o vulnerables. La inflamación desempeña un papel central en la progresión de la enfermedad, mediada por macrófagos y células espumosas que secretan citocinas proinflamatorias. Otros mecanismos como la hipoxia y el transporte inverso de colesterol influyen en la estabilidad de las placas. Las manifestaciones clínicas incluyen la cardiopatía isquémica, la enfermedad cerebrovascular, la enfermedad arterial periférica y las complicaciones renales y oncológicas. El abordaje incluye la prevención primaria y secundaria mediante el control de factores de riesgo y terapias específicas para estabilizar las placas y reducir eventos agudos.
Atherosclerosis is a chronic disease characterized by the deposition of lipids in the intima layer of medium- and large-caliber arteries that causes the formation of atheromatous plaques. It is one of the main causes of morbidity and mortality worldwide. Risk factors include hypercholesterolemia, diabetes, hypertension, and unhealthy habits. The development of plaques, which is closely linked to risk factors, begins with endothelial dysfunction and the accumulation of oxidized LDL cholesterol followed by inflammation and cell migration. This generates a vicious cycle that increases the risk of cardiovascular events such as heart attacks and strokes. It is a phenomenon of lipid infiltration, inflammation, and repair whose balance depends on the stability of the plaques, which can be stable or vulnerable. Inflammation plays a central role in disease progression. It is mediated by macrophages and foam cells that secrete proinflammatory cytokines. Other mechanisms, such as hypoxia and reverse cholesterol transport, influence plaque stability. Clinical manifestations include ischemic heart disease, cerebrovascular disease, peripheral arterial disease, and renal and oncologic complications. The therapeutic approach includes primary and secondary prevention by controlling risk factors and specific therapies to stabilize plaques and reduce acute events.
La ateroesclerosis es el fenómeno por el cual se depositan sustancias en las paredes de los vasos arteriales del organismo que pueden evolucionar hasta comprometer el flujo sanguíneo generando eventos como el infarto de miocardio o el ictus cerebral.
Las placas ateroescleróticas, por su crecimiento progresivo, pueden invadir la luz arterial dificultando el flujo sanguíneo y provocando isquemia tisular. Los ateromas que no generan una obstrucción significativa del flujo pueden romperse y desencadenar la formación de un trombo, el cual puede ocluir la luz arterial, generado isquemia aguda. Cuando este problema afecta a la circulación arterial del corazón, da lugar a síndromes coronarios crónicos y agudos1.
En Europa, la enfermedad cardiovascular (ECV) ateroesclerótica sigue siendo una de las principales causas de mortalidad, aunque la prevalencia y las tasas varían significativamente entre las regiones. En Europa del Este, la carga de la ECV, incluyendo la ateroesclerosis, es particularmente alta, mientras que los países del sur, como España e Italia, muestran tasas más bajas debido a factores como la dieta mediterránea y unos estilos de vida más saludables2. No obstante, en España las muertes por enfermedades del sistema circulatorio son actualmente la segunda causa de muerte, solo superado por la patología oncológica.
A nivel mundial, más del 75% de las muertes por ECV ocurren en países de ingresos bajos y medianos. En estas naciones, las personas con ECV enfrentan un acceso limitado a servicios de atención médica efectivos y equitativos, lo que puede retrasar la detección de la enfermedad hasta etapas avanzadas y aumentar la mortalidad prematura por ECV y otras enfermedades no transmisibles. En los países de ingresos altos, las ECV son responsables del 18% de los años de vida ajustados por discapacidad perdidos, mientras que en los países de ingresos bajos y medianos representan el 10%. Esto coloca una carga significativa sobre las economías de los países en desarrollo1.
Etiopatogenia y factores de riesgoEl colesterol de baja densidad (c-LDL) es una molécula indispensable para la formación de la placa de ateroma, hasta el punto de que la ateroesclerosis probablemente no ocurriría con niveles de LDL por debajo de 10-20 mg/dl3. Las concentraciones de colesterol en sangre que predominan en la mayoría de las sociedades humanas contemporáneas superan ampliamente las necesidades biológicas del organismo, lo que facilita el desarrollo de la ateroesclerosis4. Una observación que ha permitido reafirmar esta teoría es el hecho de que los individuos con alteraciones en su genotipo que determinan mayor nivel de c-LDL, como son aquellos que presentan hipercolesterolemia familiar, desarrollan de manera precoz enfermedad ateroesclerótica. Por el contrario, aquellos que presentan mutaciones en el gen que codifica la proteína IPCSK9 y tienen de manera sostenida a lo largo de su vida niveles muy bajos de c-LDL sufren menos eventos trombóticos causados por la ateroesclerosis5.
El hígado es el principal productor de colesterol en el cuerpo. Este colesterol es empaquetado en lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL) que se secretan al torrente sanguíneo. En la sangre, las VLDL liberan triglicéridos hacia los tejidos, transformándose en lipoproteínas de densidad intermedia (IDL) y, finalmente, en LDL. Este proceso ocurre gracias a la acción de enzimas como la lipoproteína lipasa. El LDL transporta colesterol hacia los tejidos del cuerpo que lo necesitan para funciones como la síntesis de membranas celulares y hormonas. Cuando hay un exceso de LDL en la sangre, puede ser captado por células inmunitarias o depositarse en las paredes de las arterias a través del endotelio, fundamentalmente cuando su permeabilidad está aumentada por el efecto proinflamatorio de los factores de riesgo cardiovascular (FRC).
Los FRC son características biológicas o hábitos de vida que aumentan la probabilidad de padecer o de morir a causa de una ECV en aquellos individuos que lo presentan. Influyen de manera directa e independiente en la patogénesis de la placa de ateroma. Entre los factores de riesgo clásicos encontramos la hipercolesterolemia, la diabetes mellitus (DM), la hipertensión arterial (HTA), el hábito tabáquico, el sedentarismo y la dieta poco saludable. También existen otros FRC que no son modificables, como la herencia genética, el sexo o la edad.
Estudios in vitro han demostrado que las partículas de c-LDL oxidadas son las que contribuyen a la ateroesclerosis6. Los diferentes mecanismos por los que las moléculas de c-LDL se oxidan y contribuyen al proceso aterogénico incluyen la formación de especies reactivas de oxígeno (ROS) en la íntima arterial, debido a la catálisis de iones metálicos, y la reacción de Fenton. Los componentes de las partículas de LDL oxidadas pueden inducir inflamación y proporcionar neoepítopos que estimulan la inmunidad humoral y adaptativa.
En situaciones normales, cuando se sobrecarga de lípidos, el endotelio debería cesar de captar colesterol. Sin embargo, hay un desorden patológico en la expresión de receptores por el cual los receptores scavenger siguen captando partículas de LDL. Este proceso contribuye a la sobrecarga de los macrófagos con ésteres de colesterol, lo que da lugar a la formación de células espumosas. Las células espumosas son un componente clave de las lesiones ateroescleróticas tempranas (fig. 1) y desempeñan un papel central en la progresión de la ateroesclerosis. La acumulación excesiva de lípidos en estas células espumosas puede promover la inflamación local y el daño de la pared arterial, favoreciendo el desarrollo de placas ateroescleróticas que, con el tiempo, pueden causar obstrucciones en las arterias y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares7. A pesar de que hay evidencia que refuerza la teoría de la oxidación del LDL, no disponemos de pruebas rigurosas que señalen que esta vía inicie la ateroesclerosis8.
Proceso de formación de la placa de ateromaDepósito inicial de colesterol LDLEl c-LDL puede atravesar la pared de las arterias debido a una disfunción de la barrera endotelial asociada al efecto proinflamatorio de los FRC que aumentan su permeabilidad. Una vez dentro de la capa íntima, las partículas de LDL se retienen allí al unirse a macromoléculas de la matriz extracelular.
Formación de agregados de lipoproteínas de baja densidadUna vía alternativa en el desarrollo de la ateroesclerosis ocurre cuando las partículas de LDL en el espacio subendotelial se unen a proteoglicanos de la íntima y forman agregados. Estos agregados son menos estudiados, pero también contribuyen al proceso de acumulación de lípidos en las células.
Entrada de los agregados a las célulasLos agregados de LDL pueden ser internalizados por células musculares lisas a través de receptores de la superfamilia de receptores relacionados con LDL (LRP). A diferencia de los receptores clásicos de LDL, los receptores de la familia LRP no responden a los mecanismos normales de retroalimentación que disminuyen la captación de colesterol cuando ya hay suficiente colesterol en las células. Este mecanismo es similar al de los receptores scavenger (receptores depuradores) que también evitan los controles normales de regulación.
Acumulación de lípidos en células espumosas y progresión de la lesiónTanto las células musculares lisas como los macrófagos se pueden ver sobrecargados de lípidos, formando lo que se conoce como células espumosas. Estas células espumosas contribuyen al desarrollo y progresión de las lesiones ateroescleróticas9.
Crecimiento de la placaEn la íntima de la pared arterial, existen células lisas musculares, especialmente en esos lugares donde la aterogénesis es más frecuente. También sabemos que se produce una migración desde la capa media a la íntima de células de músculo liso. Este acúmulo celular contribuye al crecimiento de la placa ateroesclerótica, ya que son las productoras de matriz extracelular que conforma el interior de la placa ateroesclerótica10. Con el paso del tiempo, estos macrófagos y células musculares lisas sufren un proceso de apoptosis, dejando un núcleo necrótico en el interior de la placa. Tanto el depósito de grasa como la existencia de necrosis debilitan la placa y la hacen vulnerable a la ruptura por el estrés de cizallamiento debido a las variaciones de la tensión arterial11.
CalcificaciónDurante su evolución, las placas se pueden calcificar. La microcalcificación se asocia con inestabilidad de la placa y puede favorecer su rotura y, por tanto, un evento trombótico12, mientras que calcificaciones mayores se asocian con menos riesgo de rotura13.
Historia naturalPlaca estable y placa vulnerableEl crecimiento progresivo de las placas de ateroma produce isquemia solo de forma tardía, cuando la obstrucción al flujo supera la capacidad de reserva del lecho vascular. Se entiende como tal la capacidad vasodilatadora del lecho vascular distal a la obstrucción que permite compensarla. Desde que la demanda de flujo supere la capacidad de reserva, la obstrucción podrá provocar isquemia, con o sin clínica, sobre todo cuando la demanda metabólica aumente. En el caso del corazón y las arterias coronarias, a partir de ese momento se podrá producir angina de esfuerzo. Mientras que el crecimiento de una placa de ateroma sea escalonado y progresivo, la clínica acompañante se incrementará gradualmente, facilitando el diagnóstico antes de que el compromiso del flujo causado por la placa sea total. Sin embargo, si la placa se rompe y como resultado del contacto entre la sangre y su interior se origina un trombo, se puede generar una situación de compromiso vital de forma aguda. Por eso surge el concepto de placa vulnerable14.
Placa vulnerable o inestableLas placas inestables propensas a formar trombos luminales incluyen fibroateromas de capa fina (FCF) (fig. 2), placas con evidencia de hemorragia intraplaca, fisuras en la placa, ruptura de la placa (fig. 3), erosión de la placa y nódulos calcificados15. Entre las lesiones previas, los FCF se consideran las lesiones precursoras de la rotura de placa, estas lesiones se caracterizan por tener un espesor de capa fibrosa de menos de 65μm y un núcleo rico en lípidos en el punto más delgado de la placa como criterios diagnósticos15.
Fibroateroma de cubierta delgada. Se trata de una capa fina de tejido fibroso que cubre un núcleo rico en lípidos, su delgadez (menos de 65 micrómetros) aumenta el riesgo de ruptura16.
Núcleo necrótico grande. Contiene lípidos, colesterol y restos celulares, lo que lo hace inestable.
Inflamación. Hay una alta concentración de macrófagos, linfocitos T y otras células inflamatorias que debilitan la cubierta fibrosa.
Hemorragia intraplaca. Sangrado dentro de la placa debido a neovasos frágiles, lo que puede aumentar su volumen y presión.
Calcificación irregular. La presencia de depósitos de calcio en patrones irregulares puede contribuir a su fragilidad.
Falta de reparación estructural. Existe un desequilibrio entre los procesos de degradación y síntesis de la matriz extracelular.
Características de la placa estableLa placa fibrocalcificada es una placa estable rica en colágeno denso y altamente calcificada que generalmente carece de un núcleo necrótico significativo17. Contiene pocas células musculares lisas y células inflamatorias dispersas, y puede o no causar un estrechamiento grave. En pacientes con angina estable, estas placas suelen ser dominantes. Presentan las siguientes características:
- 1.
Composición estable. Rica en colágeno denso, con una gruesa capa fibrosa que protege el contenido interno.
- 2.
Bajo contenido lipídico. Núcleo necrótico pequeño o ausente.
- 3.
Calcificación extensa. Depósitos de calcio que refuerzan la estructura.
- 4.
Menor inflamación. Escasez de macrófagos y células inflamatorias.
- 5.
Lumen regular. Tienden a causar una obstrucción progresiva sin ruptura, lo que se asocia más con angina estable que con eventos agudos.
El mecanismo exacto por el cual los FRC clásicos (DM, HTA, hábito tabáquico, etc.) generan ateroesclerosis no está completamente dilucidado; sin embargo, muchos de ellos, si no todos, participan en la activación de vías proinflamatorias1. Por ejemplo, la angiotensina II que participa en la fisiopatología de la hipertensión también puede desencadenar vías inflamatorias como las reguladas por un factor regulador nuclear de la transcripción, el kappa B (NF-κB)18.
La inflamación desempeña un papel decisivo en la exacerbación de la placa y la progresión de la ateroesclerosis19. La hipercolesterolemia induce la proliferación de células hematopoyéticas en la médula ósea, por lo que los monocitos circulantes aumentan. Los niveles elevados de c-LDL en la íntima favorecen la producción de citocinas que atraen a los mencionados monocitos a la placa de ateroma, donde se transforman en macrófagos. Los macrófagos de tipo M1, proinflamatorios, son los predominantes en las placas de ateroma. Fagocitan las LDL oxidadas y se convierten en macrófagos cargados de vesículas lipídicas, llamados células espumosas. La acumulación de restos celulares (cuerpos apoptóticos y necróticos), la presencia de hipoxia y la hiperglucemia (como se observa en pacientes diabéticos) desencadenan la activación de otras vías de señalización en las células espumosas que liberan citocinas y quimiocinas proinflamatorias que provocan, respectivamente, una respuesta proinflamatoria y el reclutamiento de otras células inmunitarias hacia la placa, lo que conduce a la intensificación de la inflamación y la progresión de la ateroesclerosis.
Finalmente, la acumulación excesiva de lípidos dentro de las células espumosas puede inducir necrosis o apoptosis, lo que lleva a la formación y deposición de restos celulares. Numerosos investigadores sostienen que los restos celulares pueden impulsar la formación adicional de células espumosas a partir de macrófagos, creando así un círculo vicioso que amplifica el número de células espumosas y exacerba la inflamación. Sin embargo, los restos de las células espumosas pueden ser eliminados por macrófagos vecinos no espumosos mediante un proceso llamado eferocitosis. Estos macrófagos, denominados eferocitos, previenen la inflamación; no obstante, su función está considerablemente deteriorada durante la ateroesclerosis20.
La hipoxia también desempeña un papel en la patogénesis de la ateroesclerosis. Los mecanismos mediante los cuales se establece esta relación son variados e incluyen la producción de citocinas proinflamatorias con VEGFA y HIF-1, la disminución de la expresión de genes antinflamatorios como PPARG y la hipometilación de HMGB1, entre otros. Sin embargo, a pesar de la evidencia experimental sobre el papel que tiene la hipoxia en el proceso, hoy en día carecemos de herramientas terapéuticas efectivas que nos permitan utilizar esta diana21.
Un mecanismo que tiene un papel protector contra la ateroesclerosis es el transporte inverso de colesterol, que elimina el exceso de colesterol de los tejidos y células periféricas como los macrófagos, y lo transfiere a las HDL circulantes. Las HDL entregan ese colesterol al hígado para su reciclaje y eliminación, evitando así la acumulación de placa e inflamación en las arterias. Los macrófagos tienen transportadores como ABCA1 y ABCG1 que permiten transferir colesterol a las partículas de HDL y así deshacerse de él. Estos transportadores podrían tener un interés terapéutico para prevenir la formación de células espumosas y resolver la inflamación en la ateroesclerosis, particularmente durante las etapas avanzadas, cuando los macrófagos están cargados de LDL.
Estructura de la placa de ateromaLa placa de ateroma se compone de las siguientes partes22:
Capa fibrosaEs la capa superficial de la placa. Está formada principalmente por colágeno, elastina y células musculares lisas. Proporciona estabilidad mecánica a la placa, reduciendo el riesgo de ruptura.
Núcleo lipídicoSe encuentra debajo de la capa fibrosa. Contiene colesterol libre, ésteres de colesterol y restos celulares, incluidos cuerpos apoptóticos y necróticos. En placas avanzadas, este núcleo es grande y blando, lo que aumenta la vulnerabilidad a la ruptura.
Zona de células espumosasFormada por macrófagos cargados de lípidos (células espumosas) que se forman tras la fagocitosis de LDL oxidadas. Estas células liberan citocinas proinflamatorias que, como ya hemos visto, degradan la matriz extracelular y contribuyen a la inflamación y el crecimiento de la placa.
Matriz extracelularSe encuentra en la capa fibrosa y el núcleo y está formada por colágeno, proteoglicanos y elastina. Proporciona soporte estructural, pero su degradación por metaloproteinasas debilita la placa.
Células inflamatoriasSe incluyen macrófagos, linfocitos T y en menor medida neutrófilos. Son el resultado de la migración por las diferentes señales proinflamatorias de la placa y, una vez se encuentra en su interior, perpetúan la inflamación y liberan enzimas proteolíticas que adelgazan la capa fibrosa.
Microvasculatura y hemorragias intraplacaEn placas avanzadas, la microvasculatura crece desde la adventicia hacia la placa. Dado que esta angiogénesis es imperfecta, puede generar la aparición de hemorragias dentro de la placa, aumentando su tamaño y vulnerabilidad.
Depósitos de calcioNo son frecuentes en placas jóvenes, sino que característicamente la calcificación macroscópica aparece en placas de un año de evolución. Pueden endurecer la placa, pero también contribuir a su inestabilidad dependiendo de la distribución.
Crecimiento y rotura de la placa de ateromaEl crecimiento progresivo de la placa de ateroma puede obstruir de manera paulatina el flujo coronario, al ir creciendo el núcleo lipídico y la matriz extracelular, de manera que se interrumpe gradualmente el paso de sangre a su través. En el corazón, producirá angina cuando supere la capacidad de reserva coronaria o isquemia severa sostenida, que puede determinar la pérdida de función contráctil del miocardio, en lo que se denomina hibernación miocárdica. El tejido isquémico reduce al mínimo su actividad metabólica y se mantiene vivo a expensas de no contraerse. La hibernación miocárdica puede ser causa de insuficiencia cardíaca (IC), y es reversible si se restaura el flujo coronario normal.
Para causar síntomas que puedan poner en riesgo la vida del paciente, la interrupción del flujo debe ser considerable y rápida. Cuando es así, el riesgo de arritmias malignas o de IC y shock cardiogénico aumenta sustancialmente. El fenómeno que genera una interrupción súbita del flujo y por tanto un infarto agudo de miocardio (IAM) es, en la mayoría de los casos, la rotura de placa. Esto consiste en la aparición de un defecto de continuidad en el endotelio de la íntima de la capa fibrosa. La falta de endotelio origina la activación de las plaquetas y permite el contacto de la sangre con factores protrombóticos de la matriz, principalmente el factor tisular, que activa la cascada de la coagulación (fig. 3). La activación de las plaquetas conduce a la liberación de sustancias vasoactivas, entre ellas el tromboxano A2, que activa la agregación plaquetaria y produce espasmo sobre la placa rota, reduciendo aún más su calibre. Cuando no se puede identificar una ruptura de placa a pesar de una exhaustiva búsqueda microscópica, se utiliza el término erosión de la placa. Este término fue elegido porque el endotelio generalmente está ausente debajo del trombo, pero se desconoce si este es el mecanismo precipitante.
La rotura de placa ocurre donde la capa fibrosa es muy fina y se encuentra infiltrada por macrófagos. El adelgazamiento de la capa fibrosa probablemente implica dos mecanismos concurrentes. Uno de ellos es la pérdida gradual de células musculares lisas (SMC) de la capa fibrosa. Las capas rotas contienen menos SMC y menos colágeno que las capas intactas, y las SMC generalmente están ausentes en el sitio de ruptura. Por otro lado, los macrófagos infiltrados degradan el colágeno de la capa fibrosa haciéndola más vulnerables. Las capas rotas examinadas en autopsias suelen estar fuertemente infiltradas por células espumosas de macrófagos que secretan enzimas proteolíticas como activadores del plasminógeno, catepsinas y metaloproteinasas de matriz. La ruptura de una capa delgada y la posterior trombosis puede ocurrir espontáneamente, pero en algunos casos la causa es un exceso de tensión de cizallamiento sobre la placa debilitada, debido a un aumento brusco de la tensión arterial, a veces por estrés emocional o físico. Los desencadenantes reconocidos incluyen actividad física y sexual, ira, ansiedad y estrés laboral. También el frío, por aumento de secreción de catecolaminas, infecciones que aumentan la demanda metabólica e incrementan la inflamación sistémica, y el consumo de cocaína que aumenta la tensión arterial y la agregación plaquetaria y causa vasoconstricción. Sin embargo, actividades diarias simples o el propio ritmo circadiano de las vías biológicas pueden determinar el inicio de un síndrome coronario agudo que es más frecuente por la mañana. Los mecanismos desencadenantes pueden incluir la activación del sistema nervioso simpático con aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, lo que lleva a la ruptura de la placa o a un aumento de la coagulabilidad y la reactividad plaquetaria, lo que lleva a una respuesta trombótica acentuada en las placas ya rotas23.
Manifestaciones clínicas a nivel sistémicoLa ateroesclerosis es un proceso que afecta al organismo en su conjunto. Aquellas personas que muestran síntomas causados por este proceso en un órgano concreto, como puede ser un IAM, tienen una enfermedad generalizada en su árbol arterial. La ateroesclerosis no se circunscribe al órgano más afectado y que ha alcanzado la fase clínica de la enfermedad, sino que está presente en una fase subclínica en el resto del organismo. En países desarrollados, esta fase subclínica se inicia en fases tempranas de la vida, alrededor de la tercera década de la vida, y progresa de manera silente hasta que tiene expresividad clínica en torno a la quinta o sexta década de la vida en forma de eventos «agudos» como el IAM, el ictus o la enfermedad arterial periférica (fig. 1). Sin embargo, también sabemos que se relaciona con enfermedades de curso menos abrupto como la demencia24.
Cardiopatía isquémicaLa cardiopatía isquémica (CI) es una de las manifestaciones más habituales, está causada por la aparición de placas de ateroma en las arterias coronarias. Estudios clásicos sugieren que la reducción de la luz del vaso entre el 50% y el 75% se asocia con limitaciones fisiológicas en el flujo coronario, tanto en condiciones de estrés como en reposo. Por lo tanto, a partir de esos límites, los pacientes generalmente comienzan a experimentar síntomas, principalmente angina de pecho, sobre todo en situaciones de mayor demanda de oxígeno, como son el estrés físico o emocional25. Sin embargo, como ya hemos señalado a lo largo del texto, sabemos que el riesgo de ruptura de una placa ateroesclerótica y la aparición de un evento agudo posterior está más estrechamente relacionado con la propensión de la placa a romperse y con características sistémicas del paciente, como la inflamación, que con el grado de estenosis focal. Este concepto ha sido respaldado por evidencia que señala que hay características de la placa como una capa fibrosa fina, un gran núcleo lipídico o la presencia de células inflamatorias en su interior que son un predictor más fuerte de riesgo de rotura de la misma y, por tanto, de IAM incidente o muerte cardiovascular, independientemente del grado de estrechamiento luminal. Esto subraya la importancia de considerar tanto factores sistémicos como la extensión total de la enfermedad ateroesclerótica al evaluar el riesgo cardiovascular, en lugar de centrarse únicamente en la severidad de las estenosis focales.
La CI es un continuum. Comprende la angina de pecho o el dolor torácico por isquemia miocárdica transitoria, especialmente durante el esfuerzo físico o estrés emocional; el IAM con muerte del tejido cardíaco debido a la interrupción completa del flujo sanguíneo en una arteria coronaria; la IC bien por necrosis del miocardio, bien por hibernación, y las arritmias, cuya manifestación más grave es la muerte súbita, de la que es la causa principal. La isquemia crónica o aguda puede alterar la conducción eléctrica ventricular, lo que puede originar arritmias potencialmente malignas.
El estudio de la CI es uno de los principales motivos de consulta en cardiología. Los síndromes isquémicos se dividen en agudos (angina inestable, IAM y muerte súbita) y crónicos (angina estable e IC crónica isquémica). En todos ellos, el problema es un desbalance entre el consumo de oxígeno del miocardio y el aporte que recibe el mismo, siendo la causa de la disminución del aporte la existencia de placas de ateroma obstructivas.
Enfermedad cerebrovascularEl desarrollo de placas de ateroma en el árbol arterial que irriga el sistema nervioso central puede generar distintos cuadros patológicos, entre los que se incluyen:
Accidente cerebrovascular isquémico (ictus)Supone la pérdida súbita y no transitoria de función neurológica debido a la obstrucción del flujo sanguíneo en las arterias cerebrales.
Ataque isquémico transitorioSupone la pérdida transitoria y reversible de función neurológica debido a la obstrucción del flujo sanguíneo en las arterias cerebrales.
Demencia vascularDeterioro cognitivo crónico secundario a múltiples episodios de isquemia cerebral o a isquemia severa sostenida.
Los datos epidemiológicos respaldan la idea de que la disfunción neurológica y la ateroesclerosis coexisten mucho antes de que aparezcan complicaciones clínicas evidentes de la enfermedad cerebrovascular. Desde hace años se reconoce que las patologías cardiovasculares se encuentran entre los factores de riesgo más destacados para el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. El ictus, la HTA, la IC congestiva e incluso la isquemia cerebral asintomática aumentan el riesgo de deterioro cognitivo. En particular, el papel de la ateroesclerosis ha despertado interés debido a que esta y la enfermedad neurodegenerativa comparten muchos factores de riesgo clínicos. Además, se ha encontrado ateroesclerosis cerebral en las arterias cerebrales de pacientes con enfermedad de Parkinson y enfermedad de Alzheimer26.
La ateroesclerosis es la principal causa de ictus. Al igual que en el resto del organismo, comienza con la formación de una placa de ateroma que aumenta su tamaño por diferentes vías, comprometiendo el flujo y dando expresividad clínica cuando disminuye lo suficiente o cuando se detiene de manera brusca27. La enfermedad ateroesclerótica de gran vaso es la responsable del 33% de los ictus isquémicos. Se asocia con la presencia de factores de riesgo vascular como HTA, consumo de tabaco, dislipemia, edad o diabetes, entre los más prevalentes. Su forma de expresión más frecuente es la afectación carotídea extracraneal en forma de estenosis u oclusión en la bifurcación carotídea, siendo la afectación carotídea intracraneal o de otros vasos intracraneales menos frecuente.
Se calcula que una proporción significativa de los casos de ictus podría evitarse adoptando medidas preventivas efectivas, como cambios en el estilo de vida (incluyendo una dieta saludable y la práctica regular de ejercicio), el control de la presión arterial mediante medicamentos antihipertensivos, el uso de antiagregantes plaquetarios y estatinas, así como la disminución del consumo excesivo de alcohol28.
Enfermedad arterial periféricaComprende la enfermedad que causa síntomas derivados de la presencia de una enfermedad arterial oclusiva que condiciona un insuficiente flujo sanguíneo a las extremidades. En la gran mayoría de las ocasiones, el proceso patológico subyacente es la enfermedad arteriosclerótica, y afecta preferentemente a la vascularización de las extremidades inferiores. Las placas de alto riesgo de las arterias de las extremidades inferiores son muy estenóticas y fibrosas. Dicha estenosis, asociada con un estado de hipercoagulabilidad, contribuye de manera decisiva al desarrollo de eventos agudos. Este tipo de placas contrasta claramente con las lesiones presentes en las arterias coronarias que con frecuencia están compuestas por un gran núcleo lipídico extracelular y un gran número de células espumosas, recubierto por una fina cubierta fibrosa susceptible de rotura29.
Los síntomas varían entre claudicación intermitente que cursa con dolor o calambres musculares en las piernas al caminar que mejoran con el reposo, o isquemia crítica de las extremidades que cursa con dolor persistente en reposo, úlceras o gangrena en los pies o las piernas.
Patología de la aortaLa ateroesclerosis puede afectar a la aorta de diversas formas:
Formación de placas ateroescleróticasPueden desarrollarse en cualquier segmento de la aorta, causando rigidez y disminuyendo la elasticidad de la pared aórtica.
Aneurismas aórticosLa debilitación de la pared aórtica debido a la ateroesclerosis puede provocar la dilatación anormal de la aorta (aneurismas).
Disección aórticaAunque las disecciones aórticas pueden tener múltiples causas, la ateroesclerosis aumenta el riesgo al debilitar la pared aórtica.
Estenosis u oclusión parcialLas placas ateroescleróticas pueden reducir el flujo sanguíneo en la aorta y sus ramas principales.
Enfermedad renal crónicaLos pacientes con enfermedad renal crónica (ERC) son un subgrupo en el que la ateroesclerosis está especialmente presente, porque suelen tener una elevada prevalencia de FRC como son la HTA y la DM y porque, como parte de su enfermedad, tienen un mal metabolismo del calcio y fósforo que acelera la calcificación y el envejecimiento arterial.
Hay investigaciones que muestran una mayor presencia de placas y peores parámetros en el perfil lipídico en pacientes con ERC respecto al resto de la población, además estos empeoran especialmente cuando se alcanzan estadios más avanzados de la ERC o incluso la diálisis. Característicamente no es en los niveles de LDL donde se encuentran las mayores diferencias, sino que se alteran otros parámetros cuya medición no está tan extendida como la lipoproteína A. Otras proteínas como la homocisteína plasmática, que tiene una relación demostrada con la ateroesclerosis, presentan niveles más elevados en pacientes con ERC en programas de terapia renal sustitutiva30.
Enfermedades oncológicasEl colesterol podría desempeñar un papel importante en el desarrollo del cáncer. Tanto estudios clínicos como experimentales han encontrado que la hipercolesterolemia y una dieta rica en grasas y colesterol pueden influir en el desarrollo del cáncer. El colesterol externo puede activar directamente la vía oncogénica Hedgehog, mientras que el colesterol interno puede inducir la señalización de mTORC1. El colesterol es un componente clave de las balsas lipídicas que son las principales plataformas para la regulación de señales en el cáncer, y retirar el colesterol de la membrana es una estrategia anticancerígena eficaz que interrumpe las funciones de estas balsas. El metabolismo del colesterol a menudo se encuentra reprogramado en las células cancerosas. Dirigir el metabolismo del colesterol como un nuevo enfoque terapéutico ha ganado una atención creciente en lo que se refiere al tratamiento del cáncer31.
Responsabilidades éticasProtección de personas y animalesLos autores declaran que para esta investigación no se han realizado experimentos en seres humanos ni en animales.
Confidencialidad de los datosLos autores declaran que en este artículo no aparecen datos de pacientes.
Derecho a la privacidad y consentimiento informadoLos autores declaran que en este artículo no aparecen datos de pacientes.
Conflicto de interesesLos autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
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Importante
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Muy importante
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Metaanálisis
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Ensayo clínico controlado
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Epidemiología
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Artículo de revisión
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Guía de práctica clínica
