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La clasificación del edema macular diabético puede facilitar su abordaje inflamatorio y un tratamiento individualizado

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Europa Press · 23 junio 2022 10:00


  • Edema macular diabético.

Giacomo Panozzo, especialista en patologías de la retina y profesor en la European School for Advanced Studies in Ophthalmology (ESASO), en Suiza, ha presentado una clasificación del edema macular diabético que facilitará su abordaje inflamatorio y la individualización del tratamiento.

Así lo ha dado a conocer durante el Simposio Abordaje inflamatorio en EMD: Construyendo la medicina de precisión, promovido por Allergan (AbbVie), en el marco del 25º Congreso de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV).

El objetivo es proporcionar a los oftalmólogos una herramienta "simple, directa y objetiva", para clasificar el edema macular diabético. Esta clasificación, junto con la utilización de biomarcadores de imagen, están permitiendo la implantación de la medicina de precisión en el ámbito del EMD.

"El manejo del paciente con EMD está cambiando. La clasificación que presentamos, basada en las características de los biomarcadores obtenidos por OCT, permite una individualización del tratamiento no existente hasta ahora", afirma el doctor Panozzo.

Aproximadamente, el 7,6 por ciento de los pacientes con diabetes en el mundo padecen EMD. Esto se traduce en que, en España, cerca de 300.000 personas sufren esta patología, que puede desembocar en ceguera irreversible si no se trata.

En el curso de esta enfermedad, la mácula (la parte de la retina responsable de la visión central y de los detalles) se inflama y acumula líquido. Normalmente, esto sucede como consecuencia de los cambios metabólicos secundarios provocados por el mal control de la glucemia en personas con diabetes.

El objetivo de los tratamientos del EMD es evitar el deterioro de la mácula, reduciendo el edema antes de que este se cronifique y el daño sea irreversible. Para la toma de decisiones acerca del tratamiento óptimo, los especialistas cuentan ya con una herramienta clave: los biomarcadores, que han demostrado su valor predictivo sobre la respuesta al tratamiento, permitiendo individualizar la terapia al tener en cuenta el mecanismo fisiopatológico predominante en cada paciente.

Así se ha resaltado en el simposio, donde se ha revisado el “Consenso de expertos: desafíos en el manejo del edema macular en diabéticos tipo 2”, elaborado por los responsables de las Unidades de Retina de 11 hospitales españoles.

Los expertos participantes en el consenso recomiendan que el tratamiento del EMD debe comenzar lo más pronto posible y que se tengan en cuenta los biomarcadores a la hora de seleccionar la estrategia terapéutica.

Actualmente, existen biomarcadores que permiten distinguir los edemas en los que la inflamación juega un papel preponderante, facilitando la predicción de la buena respuesta de los fármacos antiinflamatorios de uso intravítreo. Para detectarlos, es necesario el uso de la tomografía de coherencia óptica (OCT).

"El EMD es una patología multifactorial, en la que el peso de la inflamación va aumentando conforme avanza la cronicidad del edema", explica la jefa de la Unidad de Retina del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, Maribel López Gálvez.

Es por este motivo que es necesario realizar una correcta medición de biomarcadores inflamatorios, como son el desprendimiento neurosensorial (DNS); la presencia de puntos hiperreflectivos (HRF); el tamaño de los grandes quistes intrarretinianos; y el alto grosor macular central.

Se estima que hay cerca de un 40 por ciento de pacientes no respondedores o que son respondedores subóptimos a la terapia estándar basada en antiangiogénicos, por lo que "es necesario enfocarse en la individualización del tratamiento", tal y como han puesto de manifiesto los expertos.

La incorporación de estos biomarcadores a la práctica clínica habitual podría permitir la individualización del tratamiento y considerar el tratamiento con el implante intravítreo de dexametasona.

Para López Gálvez, la clave del éxito del tratamiento del EMD reside en "la rapidez con la que se establece, la exactitud a la hora de detectar la estrategia terapéutica adecuada y la rigurosidad en su cumplimiento".

"Es por ello que, si a un paciente tratado con terapia antiangiogénica se le localiza un componente inflamatorio preponderante, será necesario un cambio temprano al tratamiento con corticosteroides intravítreos. De esta manera, se evita el deterioro desde una fase temprana".

Otra ventaja adicional es que se requiere de un menor número de inyecciones con este tipo de terapia frente a las empleadas en primera línea, disminuyendo el número de visitas hospitalarias y facilitando la adherencia terapéutica.

El empleo de los biomarcadores juega un papel esencial a la hora de permitir la clasificación de ESASO del EMD, que fue presentada durante el simposio. Se han podido diferenciar cuatro etapas en el transcurso del EMD: temprano, avanzado, grave y atrófico. "Estas etapas reflejan la severidad de la enfermedad y la rapidez en la progresión de la misma", explica Panozzo.

El aspecto más relevante de esta clasificación, propuesta por un panel de expertos internacional, es que permite estandarizar la situación en que se encuentran los pacientes y ayudar a tomar decisiones terapéuticas para los mismos.

En palabras de Panozzo, esta clasificación "es un instrumento más para mejorar la precisión en el abordaje del EMD, y permite a los especialistas tomar decisiones terapéuticas adecuadas a la situación y evolución del EMD de cada paciente, basándose en la evidencia científica".

López Gálvez ha recordado que "es una gran noticia para los pacientes que padecen enfermedades oculares que la medicina de precisión tenga su lugar en el ámbito oftalmológico". A su juicio, ahora, "el reto es llevar esa precisión a la práctica clínica y tratar a los pacientes en el momento oportuno con el tratamiento adecuado".

Los expertos presentes en el simposio concluyeron que es necesario avanzar hacia la medicina de precisión y la individualización del tratamiento, ya que permitirán reducir considerablemente el impacto del EMD frenando el deterioro visual, mejorando la calidad de vida de las personas con diabetes y, en última instancia, y evitando la ceguera irreversible.

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