La bacteriemia, la sepsis y el shock séptico representan fases consecutivas de un proceso fisiopatológico complejo que continúa siendo una de las principales causas de mortalidad hospitalaria a nivel mundial. Según el consenso internacional Sepsis-3, la sepsis se define como una disfunción orgánica potencialmente mortal provocada por una respuesta inmune desregulada del huésped frente a la infección, mientras que el shock séptico representa la forma más grave, caracterizada por alteraciones hemodinámicas y metabólicas con elevada letalidad. La enfermedad es el resultado de la pérdida del equilibrio entre mecanismos proinflamatorios y antiinflamatorios, con una respuesta hiperinflamatoria sistémica que provoca daño endotelial, microtrombosis y disfunción multiorgánica. El diagnóstico se basa en la presencia de infección asociada a daño orgánico, evaluado mediante la escala SOFA. La detección precoz se apoya en escalas clínicas de cribado. El inicio precoz del tratamiento es un factor pronóstico clave, y se centra en la administración urgente de antibióticos, la reanimación con fluidos, el soporte de la disfunción orgánica y el control del foco infeccioso. Pese a los avances, la sepsis continúa asociada a complicaciones crónicas y elevada mortalidad, lo que subraya la necesidad de prevención, diagnóstico precoz e intervención protocolizada.
Bacteremia, sepsis, and septic shock are consecutive phases of a complex pathophysiological process that continues to be one of the leading causes of in-hospital mortality worldwide. According to the Sepsis-3 international consensus, sepsis is defined as life-threatening organ dysfunction caused by a dysregulated host immune response to infection, while septic shock is its most severe form, characterized by hemodynamic and metabolic abnormalities with a high degree of lethality. The disease is the result of a loss of balance between proinflammatory and anti-inflammatory mechanisms, with a systemic hyperinflammatory response leading to endothelial damage, microthrombosis, and multiple organ dysfunction syndrome. Diagnosis is based on the presence or suspicion of infection associated with organ damage, determined by the SOFA scale. Early detection is supported by clinical screening scales. Early initiation of treatment is a key prognostic factor. It mainly centers on the urgent administration of antibiotics, fluid resuscitation, supportive treatment for the organ dysfunction, and control of the focal point of infection. Despite advances, sepsis continues to be associated with chronic complications and high mortality, underscoring the need for prevention, early diagnosis, and protocolized intervention.
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